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El sistema de comunicación olvidado que se quedó obsoleto al nacer

El telégrafo óptico, el whatsapp del siglo 19

Imagen: Wikimedia Commons

A mediados del siglo 19 existió un sistema de comunicación en España que supuso una revolución en su momento similar a la del correo electrónico en los 90, pero se quedó obsoleto a los pocos años de inaugurarse y hoy ha caído en el olvido: el telégrafo óptico.

Durante siglos, la manera más rápida de transmitir un mensaje era escribirlo en un papel (o decírselo a un mensajero) y que galopase a caballo hasta su destino. En España eso suponía que entre la frontera francesa y Madrid podría tardar dos o tres días, e incluso más si hacía mal tiempo.

El telégrafo óptico revolucionó la comunicación porque ese mismo mensaje podía transmitirse en apenas seis horas, en una época en la que aún no había cables ni electricidad. ¿Cómo? Mediante una red de torres en cuya parte superior había unos controles que se podían mover para formar figuras, que se iban copiando de estación en estación a lo largo de una línea. Eso sí, solo para mensajes del gobierno: los particulares no tenían acceso aún al envío de comunicaciones urgentes.

Cuando la primera estación quería emitir un mensaje, ponía su señal en posición de “atención”, y la segunda debía confirmar que estaba lista con la señal de “preparada”. A partir de ese momento, la primera torre empezaba a enviar el mensaje, haciendo uno a uno los signos que la segunda debía ir replicando para que los copiase una tercera y así sucesivamente. Cada signo se mantenía unos 20 segundos, por lo que los mensajes largos tardaban más en enviarse, y obviamente cuando era de noche, llovía intensamente o había niebla la comunicación debía interrumpirse. Como curiosidad, los telegrafistas que trabajaban en cada torre no sabían el mensaje que estaban transmitiendo: el código de unos 100 signos que permitía saber a qué letra o concepto correspondía cada uno solo lo conocían el emisor y el receptor final.

Uno de los códigos del telégrafo óptico

Aunque hubo diferentes experimentos desde 1799, la red de telegrafía óptica nace en serio en España a partir de 1846. Se construyeron tres líneas: la de Castilla (entre Madrid y la frontera francesa de Irún), la de Andalucía (Madrid-Cádiz) y la de Cataluña (Madrid-La Junquera).

Desgraciadamente, esta tecnología nació muerta. Apenas 10 años después ya estaba en funcionamiento la telegrafía eléctrica (por medio de cables que transmitían pulsaciones del sistema morse), mucho más rápida y fiable, ya que podía funcionar incluso de noche o con mal tiempo. Las líneas de telégrafo óptico se fueron abandonando y dejaron de funcionar rápidamente. Hoy en día apenas quedan unas pocas torres en pie por España (algunas restauradas, como la de Arganda en Madrid, otras en ruinas) que recuerdan la existencia de este primitivo sistema de comunicación que fue en su día la manera más rápida de transmitir un mensaje.