in

El reportaje que “demostraba” que las mujeres no pueden hacer oficios de hombres

El siglo 20 fue el de la incorporación de la mujer al mundo laboral. En el primer tercio ya hubo mujeres pioneras: diputadas, universitarias, arquitectas… pero para muchos seguía siendo algo extraño, e incluso había oficios como el de taquillera de metro en el que eran despedidas al casarse. No sería hasta los años 60 y 70 cuando las mujeres realmente dejaron de ser solo amas de casa para incorporarse a la sociedad en pleno derecho.

En agosto de 1930, una de las revistas más populares de la época, Crónica, quiso sumarse al debate sobre la incorporación de la mujer al mundo laboral con un “experimento” que en aquel momento debió ser divertido y llamativo pero que hoy nos parece escrito por Arévalo y Pablo Motos a dos manos: poner a las jóvenes vedettes Celia Gámez, Olvido Rodríguez y Reyes Castizo (ligeras de ropa, por supuesto) a realizar servicios municipales y ver la reacción de los vecinos (hombres, por supuesto). Y gracias a la magnífica hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional, podemos disfrutarlo.

El artículo comienza mencionando que la mujer ya se había incorporado a muchas actividades en el mundo de la ciencia, la educación o la ingeniería, pero que hay algunos trabajos que “nunca serán propios de ese sexo, porque significan trabajo rudo y porque todavía no estamos educados convenientemente”.

Pero el artículo, publicado en dos partes en números consecutivos, tampoco tenía ninguna intención de “educar convenientemente” al público. Al contrario, habla de cómo los servicios no funcionarían pero nadie se quejaría porque estarían ensimismados mirando a las mujeres: «¿Gritaría usted ante unas gentiles tranviarias, porque el tranvía no acabara de arrancar? ¡Ca! Llegaría usted tarde a sus quehaceres, encantado, si la causa del retraso era haberlas admirado mientras colocaban el farolito…».

En la segunda parte del reportaje, Crónica se pone a la labor y envía a las mujeres al centro de Madrid a realizar diferentes tareas. Y si nos creemos lo que cuentan, poco menos que formaron un caos en el centro de la ciudad: «la gente se agolpaba en derredor de los nuevos funcionarios municipales y de los femeninos servidores públicos; taxis y tranvías quedaron detenidos… Todo aquel escándalo de chistes, gritos y risas, ¿era falta de preparación ó exceso de belleza en las funcionarias?».

La primera tarea de Celia Gámez y Reyes Castizo era el servicio de tranvías, en el que una ejercería de cobradora y la otra de conductora: «Con estas mujeres, los trolleys se salían de los alambres, y se congestionaba la circulación. Hubo viajero empeñado en no salir del coche hasta que le dieran veinte capicúas: vimos a señores de cierta edad en los topes… y no faltaron suicidas empeñados en que la conductora les echara el salvavidas».

Después la sesión de fotos continuaba con Reyes Castizo ejerciendo de limpiabotas en la calle Alcalá: «pronto tuvo una cola (de la que en la foto sólo se ve la cabeza) que llegaba a la Cibeles y daba la vuelta por Recoletos». El autor del reportaje se lo explica por los grandes ojos negros de la actriz.

La vedette Olvido Rodríguez probó como agente de la circulación, causando un revuelo porque todos los conductores comenzaban a gritarla. «¿Creen ustedes que es porque les detiene?», se pregunta el periodista: «Se equivocan. Le chillan… ¡por guapa!».

El reportaje también cuenta otros oficios que probaron pero de los que no hay fotos, como bomberas («En vez de apagar el fuego, con sólo su presencia se avivó hasta reducirlo todo a cenizas») o barrenderas («les obligaban los transeúntes á sentarse tranquilamente, mientras ellos galantes les barrían la calle»).

De modo que el reportaje acababa lamentándose porque no pudiera haber mujeres en los servicios públicos: «Ellas tienen la culpa… ¿Porqué, Dios mío, por qué las habrás hecho ta n guapas?».