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La época en que el sida era el cáncer gay

Cuando los obituarios servían para saber si tu amigo había muerto

Imagen de Daniel Sancho (CC)

Aunque se cree que el virus del VIH pasó de simios a humanos en el primer tercio del siglo XX, la pandemia del sida comenzó oficialmente en junio de 1981, cuando los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos dio la voz de alarma acerca de diferentes tipos de infecciones oportunistas que habían comenzado a sufrir simultáneamente un grupo de hombres homosexuales en San Francisco. La mayoría de ellos murieron sin remedio en los siguientes meses.

La aparición de unas manchas rosas en la piel de algunos enfermos, y el hecho de que muchos de ellos fuesen homosexuales, llevó a la prensa a llamar a la nueva enfermedad con nombres como “cáncer rosa” o gay-related immune deficiency (“inmunodeficiencia relacionada con la homosexualidad”). No tardaron quienes vieron una oportunidad para tener una justificación a su homofobia, y consideraban la nueva enfermedad un castigo de Dios a los homosexuales.

Durante los 80, la falta de investigación e información hacía que las causas del sida no estuvieran nada claras. Por eso, en un principio muchos pensaban que tenía que ver con el sexo anal o el uso de poppers, factores más comunes entre homosexuales. En realidad, el hecho de que no existiese peligro de embarazos no deseados es lo que hizo que el sida se extendiese más rápidamente entre parejas gays, ya que las relaciones con preservativo eran mucho menos frecuentes que en parejas heterosexuales.

Sin embargo, Estados Unidos pronto se dio cuenta de que el sida no afectaba solo a homosexuales. Los inmigrantes de Haití y los drogadictos por vía intravenosa también eran grupos de riesgo, por lo que se creó el concepto del Club de las Cuatro Haches: homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos, algo que estigmatizó a estos colectivos.

El nombre que finalmente eligieron los médicos para la nueva enfermedad, Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, se eligió para evitar hacer referencia a ningún grupo en concreto, sino describir simplemente las características de la enfermedad. El nombre sida (en inglés, AIDS) comenzó a usarse en 1982.

Obituario publicado en marzo de 1987 en un diario de San Francisco

La epidemia de sida, para la que no existía cura ni tratamiento, tuvo un impacto brutal entre la comunidad homosexual de la época, tanto por el estigma que creó en la sociedad como por las habituales muertes. El diagnóstico de la enfermedad suponía la certeza de una muerte rápida, muchas veces en cuestión de semanas o días. En el San Francisco de los 80, en una época en que las redes sociales y los móviles aún eran ciencia ficción, los obituarios de la prensa local se convirtieron en la manera más rápida (y cruda) de saber si un amigo al que llevabas semanas sin ver había muerto por sida. La GLTB Historical Society ha digitalizado miles de obituarios de la época como homenaje a sus protagonistas, y se pueden buscar online.

En España, la campaña “Si Da, No Da” del Ministerio de Sanidad a finales de los 80 trató de acabar con los mitos y desdramatizar ante el miedo que muchos aún tenían a acercarse, dar la mano o simplemente compartir un baño público con personas con sida o seropositivas.

A estos mitos contribuyeron las distintas teorías conspirativas, según las cuales el virus del VIH no existe, y que en nuestro país encontraron un altavoz por ejemplo en la época amarillista de Diario 16. En Reino Unido, desde 1992 se editó Continuum, una revista que negaba la existencia del virus y daba altavoz a pseudociencias. La revista dejó de editarse en 2001 cuando el último de sus editores murió, al igual que los anteriores, por enfermedades derivadas del sida.

Hoy en día el sida sigue siendo un gran problema a nivel mundial, pero gracias a los antirretrovirales una persona con VIH puede vivir una vida normal con la misma esperanza de vida mientras tome la medicación. Ya no se distinguen grupos de riesgo para el contagio del VIH, sino prácticas de riesgo (sexo desprotegido, compartir jeringuillas…) y afortunadamente, la época en la que se creía que era una enfermedad de homosexuales han quedado muy atrás.