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Cuando había medallas olímpicas de arquitectura, pintura, música y otras artes

Si lo tuyo no es el deporte no pienses que tus posibilidades de ganar una medalla olímpica son nulas. Solo necesitas un talento artístico y… bueno, una máquina del tiempo. El caso es que a principios del siglo XX, durante los Juegos Olímpicos no solo se otorgaban mediallas deportivas, sino también a las artes desde 1912. A lo largo de este tiempo se concedieron un total de 146 medallas, 11 de ellas a mujeres.

El impulsor de los Juegos Olímpicos modernos, Pierre de Coubertin, consideraba estas disciplinas parte indispensable de las Olimpiadas para rescatar el espíritu clásico. Sin embargo, no se incorporaron hasta 1912 ya que en los primeros años se quería preservar el incipiente movimiento olímpico, focalizándolo al máximo.

En un principio, las categorías eran las cinco grandes artes: arquitectura, literatura, música, pintura y escultura. En 1928, además, se crearon subcategorías (por ejemplo, dentro de arquitectura, planificación urbana; o dentro de literatura, drama, lírica…). En 1936, el gobierno de la Alemania nazi que cogía los Juegos en Berlín propuso la creación de la categoría de cine, pero fue rechazada. Y es que Hitler, cuando no estaba exterminando lo que consideraba razas inferiores, era un gran aficionado al séptimo arte.

Estas medallas, además, tenían una característica especial: no siempre se entregaban todos los premios. El jurado podía dejar desierta alguna de ellas: por ejemplo, en 1948 solo se entregó el bronce en la categoría de música vocal, al italiano Gabriele Bianchi (vaya faena que seas medallista olímpico pero el jurado quiera dejar tan claro que lo has conseguido por los pelos).

Hubo dos personas que consiguieron medallas tanto en el ámbito artístico como en el deportivo. El húngaro Alfréd Hajós ganó dos medallas de oro en natación en los Juegos Olímpicos de 1896, y años después, convertido en arquitecto, ganó la medalla de plata en Planificación Urbana en los de 1924. Por su parte, el estadounidense Walter W. Winans logró medallas en ambas disciplinas a la vez: en los Juegos Olímpicos de 1912 ganó una de plata por tiro deportivo y una de oro en escultura.

Otro medallista curioso fue Georges Hohrod y Martin Eschbath. Y decimos “fue” aunque sean dos nombres porque eran los pseudónimos del mismísimo Pierre de Coubertin, el fundador de los Juegos Olímpicos, que ganó una medalla de oro en literatura en 1912.

Las competiciones artísticas dejaron de celebrarse ya que la organización consideraba incoherente que en las pruebas deportivas debieran competir deportistas amateurs, mientras que se permitía la participación de profesionales en las artísticas. Además, la falta de federaciones artísticas internacionales hacía que toda la organización de las pruebas recayese sobre el país que acogiese los juegos. Con estos argumentos, en contra, los Juegos de 1952 ya se centraron solo en pruebas deportivas. Desde esa fecha, junto a los Juegos Olímpicos se celebra una exhibición de arte, pero sin entrega de medallas.