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¿Quién da las estrellas a los hoteles?

Cuando pensamos en las estrellas de un hotel, se nos viene a la mente un examen con un severo inspector revisando incluso debajo de las alfombras, mientras el dueño del hotel, en la recepción, esperan nervioso su dictamen para saber cuántas estrellas se le otorgan. Pero el proceso no tiene mucho que ver con esto. ¿Nunca te has preguntado por qué dicen que alguien “va a construir un hotel de 4 estrellas”? ¿o por qué un hotel anuncia que se va a reformar para subir una estrella? ¿cómo lo saben?

Y es que al abrir un hotel no viene un jurado de expertos a darte una nota como en un talent show de la tele o en los restaurantes con las estrellas Michelin. En realidad es el dueño del hotel el que decide cuántas estrellas quiere tener y actúa en consecuencia, ya que los requisitos para obtenerlas están plasmados en las leyes.

El sistema de calificación por estrellas llegó a España en 1968, y fue el tercero en implantarse en Europa tras Francia (1942) y Portugal (1954). En los años 80, las competencias de turismo pasaron a las comunidades autónomas, y son cada una de ellas las que marcan las normas que hay que cumplir para obtener cada nivel de estrellas, sin que haya un baremo único para todo el país. Además, a nivel mundial tampoco hay unos requisitos estandarizados, por lo que lo que se considera un cuatro estrellas en un país, en otro puede ser simplemente dos estrellas.

Pero, ¿cuáles son los requisitos concretos para que el hotel tenga unas estrellas u otras? Pues aquí viene otra sorpresa, y es que las normas suelen estar más orientadas a  requisitos arquitectónicos (tamaño de la habitación, altura del techo, anchura de los pasillos, ascensor, calefacción, etcétera) y a servicios ofrecidos (lavandería, restaurante, caja fuerte, teléfono…) pero no tanto a ubicación, diseño, estado de conservación, amabilidad del personal…

Por ejemplo, comparemos en la ley madrileña algunos requisitos para un hotel de 1 estrella y el de 5 estrellas:

Sobre las habitaciones, las del hotel de 1 estrella deben medir 7 m² la individual y 12 m² la doble, y la altura debe ser al menos de 2,50 metros, en pasillos de al menos 1,20 metros. Las del hotel de 5 estrellas deben ser de 10 m² la individual y 17 m² las dobles. Todas deben tener una altura de 2,70 metros, y los pasillos deben tener al menos 1,65 metros de ancho.

En cuanto a equipamientos, el hotel de 1 estrella debe tener agua caliente, calefacción en todas las habitaciones, teléfono en el 25% de habitaciones y un teléfono de uso público en la zona común. El hotel de 5 estrellas debe tener climatización graduable en todas las dependencias, calefacción, agua caliente, teléfono en los dormitorios (y también en el cuarto de baño), teléfono insonorizado en la zona común, acceso a medios telemáticos y garaje cubierto para el 30% de la capacidad del hotel.

Eso sí, según la comunidad autónoma puede haber normas más centradas en la experiencia del cliente. Por ejemplo, los hoteles de 4 estrellas en Catalunya deben ofrecer dos tipos de almohadas y desayunos con productos de proximidad. En Canarias, los hoteles más lujosos deben tener carta de almohadas y sábanas de algodón orgánico.

Otro tema importante es que los hoteles, una vez que se han abierto al público y homologado su categoría, permanecen en ella mientras los empresarios quieran. En España no hay revisiones periódicas como en Alemania, Francia, Portugal o Reino Unido.

Y decimos “mientras los empresarios quieran” porque, en ocasiones, un hotel puede decidir bajar de categoría (para atraer a otro público, para evitar las restricciones que muchas empresas ponen a sus empleados acerca de alojarse en hoteles de 5 estrellas…). En ese caso, puede quitarse las estrellas que considere, siempre que cumpla las normas vigentes para la categoría inferior.

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