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Así se miden (y se trampean) las audiencias de radio y televisión

Rows of colorful chairs in Auditorium

Todo el mundo habla de audiencias: que si nuestro programa favorito ha sido líder, que si han retirado una serie porque no llegaba a la media del canal, que si todas las emisoras de radio son las ganadoras del EGM… pero muchas veces no sabemos exactamente a qué nos referimos. ¿Cómo se mide la audiencia? ¿cómo maquillan los datos las emisoras?

elmundo.es

Televisión: audímetros en (algunas) casas

Cómo se mide: A diferencia de lo que mucha gente cree, las cadenas de televisión no saben en tiempo real cuánta gente está viendo un programa. No es hasta la mañana siguiente cuando reciben un reporte con la audiencia del día anterior de todos los canales, eso sí, minuto a minuto. Estos datos se obtienen de una muestra de 4.600 familias que tienen instalado en su casa un aparato llamado audímetro, una especie de decodificador al que tienen que decir en tiempo real qué miembros de la familia están delante de la pantalla en ese momento. A cambio obtienen puntos que pueden canjear por premios de un catálogo. Por lo tanto… no, si no tienes audímetro en realidad no estás contribuyendo a la audiencia de lo que ves.

Las audiencias suelen mostrarse en números absolutos (millones de personas que ven un programa) y en share medio (porcentaje medio de personas que estaban viendo ese programa entre todos los que veían la TV en esa franja). En otros países también se habla de rating, es decir, el porcentaje de personas que estaban viendo ese programa del total que tienen televisión.

Cómo se trampea: Las familias que tienen audímetro deben ser discretas, pues ir proclamando que lo tienen supone la expulsión del sistema de medición. Por lo tanto, la audiencia no se maquilla convenciendo a una familia con audímetro de que vea solo su canal. La cosa va más por el sistema de publicación de los datos: como ya hemos visto, se habla de share medio, por lo que cuanta menos competencia haya en ese momento, más fácil será acumular un mayor porcentaje que nos ayudará a maquillar el resultado. Esta es la explicación de que muchos programas se alarguen hasta la madrugada: en esas altas horas mucha gente se ha ido a dormir y hay menos competencia en otras cadenas, por lo que aunque la cifra de espectadores sea más baja, en porcentaje sobre la gente que está viendo la TV se pueden llegar a conseguir shares del 40% o 50%.

Otra manera de maquillar los datos es dividir un programa en varios trozos, es decir, meter un rótulo de copyright en medio de la emisión haciendo que “oficialmente” acabe un programa y empiece otro, aunque no haya una cabecera que lo anuncie e incluso se esté en medio de una frase del presentador o una actuación musical. Esto pasa desapercibido al espectador, pero permite a las cadenas quedarse con el trozo de programa que más share medio vaya a tener, para poder dar un mejor titular al día siguiente.

Radio: una encuesta de memoria

Cómo se mide: A diferencia de la televisión, no hay manera de saber cuánta gente está escuchando cada programa de radio minuto a minuto. Las audiencias se conocen cada tres meses, mediante el EGM (Estudio General de Medios). Se trata de una encuesta en la que se pregunta a unas 30.000 personas sobre sus hábitos de consumo de medios, entre ellos, qué programas de radio han escuchado en los últimos días. Estas cifras después se publican en oyentes acumulados: es decir, la audiencia de un programa se cuenta con todos los que han escuchado aunque sea un trocito del mismo.

Cómo se trampea: Como hemos visto, es un sistema que funciona en base a la memoria del oyente. Por lo tanto, las cadenas de radio procuran mantener los nombres de sus programas sin cambios durante años: por ejemplo, el magazine de fin de semana de la SER se llama A vivir que son dos días desde 1988, a pesar de que ha cambiado de temáticas, presentadores y equipos en varias ocasiones.

Otro factor importante en la encuesta del EGM son los nombres de los presentadores, ya algunas personas responden solo con el nombre del locutor (“el programa de Francino”), y si responden una combinación equivocada (“La Tarde de Francino”), el oyente se cuenta para el programa que presente ese locutor. Eso hace que las emisoras apuesten en muchos casos por personajes conocidos de la televisión, o que incluyan sus nombres en el del programa (“Buenos días, Javi Nieves”, “Julia en la Onda”, “Es la mañana de Federico”).

Estos dos factores que tienen que ver con la memoria hacen que también las emisoras lleven a cabo campañas de publicidad en las épocas de encuesta del EGM, de modo que los posibles entrevistados hayan podido ver por la calle muchas vallas publicitarias con el nombre del programa y su presentador.

Por último, como las audiencias se miden en oyentes acumulados (es decir, todos los que hayan conectado con ese programa a lo largo de toda su duración), las radios hacen programas muy largos con el mismo nombre, que duren toda la mañana o tarde, aunque en realidad estén divididos en bloques totalmente distintos, incluso con diferentes conductores.