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Nueve palabras canarias que proceden del inglés

El turismo es un fenómeno reciente, pero algunos puntos de España tenían contacto con extranjeros desde mucho antes del boom turístico. Es el caso de Canarias, cuya posición estratégica en el Atlántico, a mitad de camino entre Europa, África y América la convirtió durante mucho tiempo en parada obligada de repostaje para los barcos.

Entre los extranjeros destacan los ingleses, que llegaron a aportar el 80 % de la inversión en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Esta relación ha dejado huella en el español que hablan los canarios cada día, y hay varios canarismos cuyo origen inglés, una vez que nos lo explican, no deja de ser evidente. Además, la época de llegada de estas palabras, cuando el inglés no era la “lengua internacional” que es ahora, se nota en su fonética altamente adaptada a nuestro idioma.

Vamos a ver algunas de las palabras más curiosas del español de Canarias con un origen (a veces sorprendente) en el inglés.

Imagen: Pixabay

Papas autodate, chinegua…

Como es bien sabido, en Canarias y Latinoamérica llaman papas a las patatas. Esta palabra no es de origen inglés, sino quechua, y fuimos los españoles peninsulares quienes le cambiamos el nombre a este tubérculo cruzándolo con el de la batata. Así surgieron nuestras patatas.

Sin embargo, algunas variedades de papa canaria sí tienen nombres que derivan del inglés. Es el caso de las papas autodate, una variedad «blanca, alargada y muy estimada para comer», según el Diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, y cuyo nombre viene del inglés out of date (“pasado de moda”), por algún motivo que no alcanzamos a comprender.

Más divertido aún es el caso de las papas quinegua o papas chinegua, que llegaron a Canarias desde Inglaterra durante el reinado del rey Eduardo VI. Su nombre, en inglés King Edward, es el que se deformó hasta conformar el actual.

Cotufas y queques

Sin salir de la comida, los canarios hay una cosa que tienen clara: cuando van al cine, no comen palomitas. Eso sí, no se ponen de acuerdo en cómo llamar a este delicioso manjar. En las islas orientales (Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria) estas se llaman roscas, posiblemente por las formas redondeadas que adquiere el maiz al explotar.

Sin embargo, en las islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y el Hierro) reciben el nombre de cotufas. El origen de esta palabra vuelve a pasar por el inglés: las palomitas, antes de estar cocinadas, no son otra cosa que corn to fry, maíz para freír. (En otro orden de cosas, los canarios también llaman al maíz de manera diferente: millo. Pero este canarismo no es de origen inglés, sino portugués.)

Otra comida canaria de nombre inglés es el queque, palabra con que en Canarias se denominan todo tipos de bizcochos, y que deriva del inglés cake.

Naife canario (Imagen: WIkimedia Commons)

Foniles y naifes

El culinario no es el único campo semántico con varios canarismos procedentes del inglés. Curiosamente, uno de los elementos típicos de la artesanía canaria es el naife, un cuchillo de forma característica y probable origen peninsular, pero nombre inglés. Un naife, en el fondo, no es otra cosa que un knife.

Otra herramienta que recibe su nombre del inglés es el embudo. Detrás de un nombre tan “canario” como fonil se esconde el muy poco castizo funnel.

Chonis y cambulloneros

El roce hace el cariño y, también, la necesidad de poner nombres. Igual que en el español peninsular llamamos guiris a los extranjeros (sobre todo si son tirando a rubios y altos), en el español de Canarias apareció un nombre específico para los turistas, especialmente los ingleses.

¿Cómo se llamaban muchos de ellos? John, para los amigos Johnny. De ahí deriva choni, como primero llamaron los canarios a los turistas ingleses, más tarde al resto de turistas europeos, especialmente nórdicos, y cada vez más, por extensión, a las personas con un alto nivel económico. Algo que curiosamente contrasta con la península, donde choni es el apelativo que se usa para el prototipo de la adolescente sin modales (el femenino de cani).

En el otro lado de la balanza estaban quienes debían trapichear para ganarse la vida. Y qué mejor para ello que comprar la mercancía en los barcos atracados en el puerto, que, según se cuenta, estaban exentos de impuestos y anunciaban que “[you] can buy on [board]”, esto es: se podía comprar a bordo.

Aunque quizá la historia esté embellecida, este mercadeo portuario se llamó cambullón, que la Academia Canaria de la Lengua define como «tráfico de mercancías (…) en los barcos atracados o fondeados en el puerto» o «comercio ilegal hecho en tierra con productos extraídos de la despensa de los barcos». Los cambulloneros llegaron a ser una parte relativamente importante de la población costera de las islas, y quedaron inmortalizados en el folclore de estas.

(Sin embargo, y aunque las etimologías de la RAE no sean santo de nuestra devoción, es necesario admitir que esta academia propone un origen diferente: del portugués cambulhar, “caer desordenado”.)

Perder la guagua

Sin embargo, si pensamos en el español de Canarias, probablemente lo segundo que nos vendrá a la cabeza (después de un fonéticamente criticable muyayo) sea la guagua, el archiconocido autobús de los isleños.

Como curiosidad, esta no es la única guagua del español, ya que en varios países del español hispanoamericano existe otra guagua que se refiere a los niños o los panes hechos con forma de estos.

Mientras que el origen de las guaguas hispanoamericanas es quechua, el origen inmediato de la guagua canaria se encuentra en Cuba, pero el origen inicial es “discutido”, de nuevo según la RAE (que no indica nada más, gracias). Una conocida propuesta, que sin embargo flojea por la falta de evidencia documental, es que guagua vendría de la empresa Washington, Walton, and Company Incorporated, “primera empresa que habría llevado autobuses a Cuba y que se publicitaba en ellos como Wa & Wa Co. Inc.”.

La otra hipótesis, recogida por el gran etimólogo Coromines, es que guagua derivaría del inglés waggon (padre también de nuestro vagón), que en inglés se usaba para llamar a un «automóvil mediano empleado para el transporte gratuito de un corto número de personas».

Este artículo es una colaboración especial de Simón Perera