in

El matrimonio, los bares, la familia y otras cosas que desaparecieron por culpa de las leyes

Ya estamos acostumbrados a que siempre que hay una ley que amplía derechos (el matrimonio igualitario, las zonas libres de humo…) o cualquier avance social, surjan voces prediciendo que este va a ser el fin de la sociedad tal y como la conocemos. Por eso hemos recopilado seis ejemplos de cosas que han desaparecido por culpa de no haberles hecho caso a estos alarmistas.

El matrimonio

Cuando se promulgó la ley del divorcio en 1932, muchos aventuraron lo peor. La institución del matrimonio quedaría destruída (“será un barreno que hará saltar a la familia”, decía el portavoz del PNV). Cuando tras la dictadura, en 1981 se volvió a promulgar una ley similar, tampoco faltaron los que dijeron que esta ley acabaría con las familias tal y como las entendemos hoy en día. Qué barbaridad es esa de que cada uno decida si quiere seguir emparejado con su cónyuge o no.

Todos tenían razón: ya no existen los matrimonios. La gente no se empareja y nadie es feliz. ¡Deberíamos haberles hecho caso!

Los bares y discotecas

Imagen: comunicacionsellamaeljuego.com

Cuando se redactaba la ley antitabaco de 2011, los empresarios de bares y discotecas pusieron el grito en el cielo. Si no se permite fumar en cafeterías, bares, discotecas y demás lugares de ocio, nadie irá a ellos y acabarán cerrando. “Están matando la noche”, afirmaba el portavoz de los empresarios madrileños. “Los españoles quieren fumar en los bares, la ley será un fracaso”.

También tenían razón: hoy en día es imposible encontrar un bar o una cafetería en nuestras calles. Y en los apenas dos o tres que quedan en todo el país, la gente sigue fumando dentro, porque como advertían estos empresarios, los españoles jamás aceptarían salir a la puerta a fumar.

La familia

Un hombre célibe soltero, nuestra mayor autoridad para establecer qué es una familia.

Por si fuera poco con haber destruido el matrimonio, las leyes también han acabado con la familia. La aprobación en el verano de 2005 de la ley de matrimonio igualitario, que permitía que gays y lesbianas también pudieran casarse con sus parejas, destruyó completamente la familia, tal y como advertían los partidos conservadores (con argumentos bastante surrealistas) y la Iglesia.

Hoy en día ya no quedan familias en España. Los parques infantiles se marchitan sin nadie que los use y en la TDT, Boing y Clan han sido sustituidos por programación de misas satánicas 24 horas al día.

Los negocios en calles peatonales

Como vemos en la imagen, en la calle Fuencarral de Madrid solo circulan bolas de paja desde que se peatonalizó.

Los empresarios lo advertían: si se peatonalizan las calles donde están sus tiendas, nadie irá allí. Todo el mundo sabe que la gente entra al Zara en coche y lo aparca en los probadores, para poder ver cómo le queda la chaqueta en los retrovisores.

Pero nadie les hizo caso y las consecuencias han sido nefastas. Las calles Preciados o Fuencarral en Madrid, antes llenas de la vida y alegría que propocionan los motores de los coches y el humo, ahora mueren solitarias sin nadie que pasee por ellas.

La música

En los años 80 ya se advertía que la copia de cintas de casete estaba matando la música. En los 90 fue la copia de CDs. En los 2000s, las descargas de MP3. En realidad, más que a la música se referían a la industria de vender discos, que no es lo mismo.

Y por supuesto, sus alarmantes avisos eran verdad. Hoy servicios como iTunes o Spotify apenas tienen suscriptores, nadie los conoce y solo ofrecen canto gregoriano.

La sociedad en general

La integración es un pecado mortal, dice el cartel de esta buena mujer que protestaba en 1960 frente a la escuela de blancos donde iba a acudir la primera niña afroamericana.

Y por supuesto, esta mujer también tenía razón. Permitir que la gente con diferentes tonos de piel hiciera cosas juntos acabó con nuestra sociedad, y ahora todos somos una proyección holográfica. Quién nos lo iba a decir, si tan solo hubiéramos hecho caso a esta mujer racista.