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Cuando un farol te sale mal: Por qué Serrat no fue a Eurovisión

La, la, la

Una de las historias más míticas sobre Eurovisión tiene que ver con la edición de 1968, celebrada en Londres, en la que Massiel se proclamó vencedora. En realidad, estaba previsto que el representante español que cantase esa canción fuese Joan Manuel Serrat, pero según se ha contado siempre, no fue porque no le dejaban cantar en catalán.

En un libro publicado en 1981, «La trastienda de TVE», se repasan los primeros 25 años de la televisión pública y se concreta un poco más lo que pasó, que no es tan simple como siempre hemos creído.

En 1967, Serrat era un cantautor más o menos conocido en el círculo de la nova cançó catalana. Su representante desde septiembre de aquel año era José María Lasso (también mánager del Dúo Dinámico, por ejemplo), y éste firmó un acuerdo con una discográfica llamada Zafiro para comercializar toda la producción en castellano de Serrat.

Paralelamente, TVE estaba buscando representante al que enviar a Londres para Eurovisión 68, y como era costumbre en la época, hizo una selección entre discográficas, a las que pidió ideas. Zafiro propuso tres canciones: Nos falta fe, de Juan y Junior, Los titiriteros, de Serrat; y La, la, la, del Dúo Dinámico.

Finalmente, TVE hizo una mezcla y se decidió por La, la, la, pero pidió que la cantase Serrat. Y allá se fueron a Alemania a grabarla, con unos arreglos compuestos por Bert Kaempfert (que también había trabajado para Sinatra), aunque por temas fiscales los firmó el delegado de TVE Arthur Kaps.

Durante la grabación de la canción en Alemania, al representante de Serrat se le ocurre que pruebe a grabar una versión en catalán sobre la misma base musical. No tenían letra, pero Joan Manuel es capaz de improvisarla en el momento. Esto es una oportunidad de negocio para ambos, ya que como hemos dicho antes, la discográfica Zafiro (que se estaba haciendo cargo de todo el proceso) tenía los derechos en castellano. La versión catalana, por su parte, se vende a otra pequeña discográfica llamada Edigsa, y ambas empresas lanzan sus discos, cada una en el idioma que le corresponde.

Los Alcántara no se lo perdieron

Mientras Serrat está de promoción por Europa cantando el La, la, la en programas de radio y televisión, en Barcelona las cosas empiezan a caldearse. Siempre ha sido un cantautor en catalán y sus fans y algunos miembros de la élite cultural catalana empiezan a presionarle para que la interpretación sea en catalán. A su casa, cuenta el libro, comienzan a llegar discos rotos y cartas con insultos y amenazas.

Cantar en catalán es imposible: Zafiro, que ha hecho toda la inversión económica, se arruinaría, ya que no tendría los derechos de la canción eurovisiva. Para salir del paso, el representante de Serrat tiene una idea: que cante la canción en castellano pero con una estrofa en catalán. Para los fans sería todo un logro, y para TVE una manera de dar una imagen moderna y tolerante de la dictadura, además de que así Zafiro no perdería la inversión. Pero, ¿cómo convencer a la televisión gubernamental?

Para ello, Serrat y su representante usan la conocida técnica de que si quieres algo pidas el doble, y se marcan un farol: El 25 de marzo anuncian que Serrat no irá a Londres si no puede cantarlo todo en catalán. Se trata de una manera de presionar para que a TVE le parezca bien lo de la estrofa, pero el caso es que el gobierno se asusta y decide cancelar los planes sin ni siquiera negociar: Serrat no irá a Eurovisión, y así lo anuncia ese mismo día TVE en el Telediario.

TVE y Zafiro se reúnen para elegir a otro cantante que tenga contrato con la discográfica para que se encargue de cantar el La, la, la en Londres. Las dos opciones son Marisol (que lo rechaza) o Massiel, que estaba de gira en México y a la que convencen rápidamente.

Massiel vuelve a España, graba la canción sobre el playback musical que se hizo en Alemania para Serrat y se dispone a ir a Londres. Pero en TVE están aterrados por si, después de la polémica y de haber hecho que la BBC cambiase todos los programas y materiales promocionales, quedan en mala posición. Así que, en palabras literales del libro, “la gente se pone en movimiento. Hay que tocar todos los resortes. Todo el que puede hacer algo se moviliza. Y al parecer, nos pasamos“. Qué resortes son, lo dejamos a la imaginación del lector, especialmente si vive en España.

El 6 de abril de 1968, España gana Eurovisión por delante del gran favorito, Cliff Richard. Y Massiel llora de emoción.