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Hoy en día la radiactividad es sinónimo de cosas horribles. Nadie querría tocar un objeto radiactivo ni respirar aire con radiactividad… pero a principios del siglo XX la cosa era muy diferente. El radio y la radiactividad habían sido descubiertos en 1900, y durante las primeras décadas del siglo todo el mundo vivía fascinado por lo que parecían ser los prodigiosos efectos de este nuevo superpoder:

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El recorte que traemos es un anuncio de mayo de 1907, de una empresa llamada Sociedad Española del Radio y sus Aplicaciones, una de las muchas empresas que quisieron sacarle partido a esa nueva energía “sutil y vivificadora” recién descubierta.

Esta Sociedad ofrecía la posibilidad de bañarse en aguas radiactivas de algunos manantiales como Panticosa, Urberuaga, Caldas o Aliseda. Estas son zonas graníticas donde es abundante el radón, un gas noble radiactivo que lógicamente se transmitía al agua. Y si por entonces ya se creía que las aguas termales de determinados lugares curaban enfermedades, si además estaban enriquecidas con la recién descubierta radiación, pues mucho mejor, que según cuenta el anuncio “hace más activos sus principios químicos”. Y no solo eso: el agua radiactiva se convierte en “el tónico por excelencia de los organismos quebrantados”. Una completa maravilla. Y si no querías desplazarte a su elegante y confortable establecimiento en la calle Infantas, ellos mismos te podían llevar la radiactividad a casa y darte los baños a la temperatura que prefirieses.

Pero este tipo de spa radiactivo no era la única muestra de la fascinación de nuestros tatarabuelos con la radiactividad. Hasta las aguas minerales presumían de ser muy radiactivas y mucho radiactivas:

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Pasarían aún algunas décadas hasta que los efectos de la radiactividad fuesen patentes, y por desgracia, mucha gente moriría hasta entonces, incluyendo a los propios descubridores del radio, el matrimonio de Marie y Pierre Curie.

Imagen: teresasapey.com

Imagen: teresasapey.com

Hoy en día el local de la calle Infantas está ocupado por una moderna cafetería para hipsters, que posiblemente desconozcan que hace algo más de 100 años en ese mismo espacio la gente se bañaba, aposta, en agua radiactiva. ¿Qué sería de aquellas personas que creían estar remojándose en elixir curativo… cuando era más bien lo contrario?

Y una última curiosidad del anuncio: en el letrero del local podemos ver que hablan de “Aguas Radio-azoadas”, aunque en el resto del anuncios e habla de “aguas radio-nitrogenadas”. Nuestro amigo el nitrógeno era conocido como azote o ázoe hasta principios del siglo XX. Este nombre fue acuñado por el químico Antoine Lavoisier, y significa “sin vida”, quizás en referencia a lo peligroso de respirarlo.