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Así se hacían los primeros pagos con tarjeta de crédito

Cuando todas las tiendas tenían una bacaladera

Las tarjetas de crédito existen desde hace décadas, muchos años antes de la invención de los TPV electrónicos que se comunican en tiempo real con el sistema informático de los bancos. ¿Cómo se pagaba con tarjeta antiguamente? La respuesta es la validadora manual, conocida popularmente como la bacaladera. Y es también la razón por la que tantas tarjetas aún tengan grabados los datos del titular en relieve.

Cuando alguien quería pagar con tarjeta de crédito, el proceso era el siguiente. En primer lugar, se le pedía la tarjeta y se comprobaba que no fuese robada. ¿Cómo? Con el Boletín de Tarjetas Anuladas, una publicación en la que se recogían todos los números de serie de tarjetas dadas de baja, extraviadas y robadas. Si la tarjeta aparecía en el boletín, el comerciante debía quedársela y avisar de ello al Centro de Autorizaciones, que le recompensaría con 10.000 pesetas.

También era necesario llamar a este Centro si el cliente quería hacer una compra superior a 10.000 pesetas (el “límite de consulta”), o si -tal y como recomienda el propio boletín- el cliente no tenía identificación, era demasiado joven como para hacer un gasto muy grande o su comportamiento era sospechoso.

Si todo estaba en orden, la tarjeta se colocaba en el lugar indicado de la máquina, junto a una placa que ya estaba fijada con los datos del establecimiento. Encima se ponía un recibo con tres hojas de copia donde se apuntaba todo lo que el cliente había comprado y el importe total.

Y con todo ello ajustado, se movía el rodillo (la pieza azul) de izquierda a derecha, haciendo que el número de tarjeta y los datos del titular y del comercio quedasen grabados en las tres copias del recibo gracias a la magia del papel carbón: una para el cliente, otra para el banco y otra para el establecimiento.

Obviamente, en esa época de comunicaciones prehistóricas, el cargo no constaba al banco hasta el día siguiente, cuando el honrado comerciante se acercaba a su sucursal a llevar todos los recibos del día anterior.

Por lo tanto, cuando hoy en día nos parezca lento el proceso de pagar con tarjeta (introducirla o pasarla por el terminal, esperar el OK del banco y en ocasiones introducir el PIN) podemos consolarnos pensando que hace 30 años era mucho más pesado para vendedor y cliente. De hecho, la bacaladera se sigue utilizando en algunos países, aunque los nuevos sistemas de tarjetas contactless, más seguros para ambas partes, están acabando con ella.

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