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Así es dirigir la revista Bravo

Me llamo Lidia Nieto, soy periodista y he sido la directora de la revista Bravo durante los últimos años. Aunque para muchos las revistas para chicas de 11 a 15 años sean un género menor, lo cierto es que yo me tomaba el trabajo muy en serio.

Bravo se elaboraba entre casi 20 personas, entre gente de la redacción (redactoras, maquetadores, redactora jefe, yo misma…) y algunos freelances. Estábamos obsesionados por estar cerca de las adolescentes. Por eso la edad máxima para entrar en la revista eran 28 años, porque cuanto más cerca estás de su edad más fácilmente sabes comunicarte con ellos.

Resulta que usar su lenguaje era muy difícil. Yo misma venía de una revista de teatro: ¡imagínate, pasar de entrevistar a Gutiérrez Caba a Santa Justa Klan!. Y es que a las redactoras que entraban yo siempre les advertía de la dificultad: no puedes escribir con tontería porque te lo notan.

Entrevistando a Zac Efron

Una revista hecha en serio

Nos tomábamos muy en serio los contenidos de la revista. No solo porque teníamos una psicóloga para los tests y los consultorios, o una estilista para los consejos de belleza y tal, sino porque todo tenía una cuidada producción detrás.

Hay un mito de que en estas revistas nos inventamos las entrevistas, y no es así. El despliegue es el mismo que podría haber en una revista como Elle, pero para adolescentes. Contactábamos con el representante, montábamos una sesión de fotos, estilista… de hecho, muchas veces publicábamos la foto de la redactora entrevistándole o al famoso con la revista en la mano para que se viera que era real.

Lo que sí es verdad es que no estábamos con ellos todas las semanas. Solíamos aprovechar cuando podíamos entrevistarles y hacíamos cuatro cambios de ropa, cuatro cuestionarios, cuatro fotos con la redactora… y así una de las entrevistas era de actualidad y otras tres más temáticas nos servían para siguientes números.

Lo de la previsión a veces era fundamental: Navidad, por ejemplo, teníamos una sección en la que sorteábamos premios firmados por famosos. Así que si por ejemplo venía Justin Bieber en marzo, tú ya tenías que darle algo a firmar para navidades porque sabías que no volvía a pisar España hasta dos años después en la siguiente gira.

En cuanto a la relación con los artistas, había de todo. Se trata de una revista para adolescentes, así que no era raro que los cantantes y actores tuvieran sesiones de fotos sin camiseta, o con camiseta mojada. Esto siempre había que avisarlo, claro, y algunos se prestaban más fácilmente y a otros les costaba más. Por ejemplo, la gente de Disney Channel están muy bien enseñados: tienen sus horas asignadas de promoción y saben que es tan importante como el resto de su trabajo. Pero en España no es tan fácil, depende más de si el actor quiere hacerlo o no. Muchas veces se prestan solo la primera vez y a la segunda ya solo quieren salir en la sección de cultura del periódico. Y chico, si eres protagonista de un culebrón para adolescentes…

Una versión medieval

Prueba de lo importante que ha sido Bravo para los adolescentes es que hasta surgió una parodia ambientada en la Edad Media: Bravo por vos. Son gente muy maja y creo que es muy divertido lo que hacen. De hecho ellos dicen que en parte su popularidad se debe a que una redactora les marcó como favorito. ¡Al final los clásicos permanecen!

Captando tendencias

Cuando se estrenó La Voz Kids nos dimos cuenta de que unos gemelos participantes estaban haciendo mucho ruido en redes sociales. Les dedicamos una portada y fue un bombazo: vendimos 10.000 ejemplares más que en un día normal. Así descubrimos a los Gemeliers.

Para detectar las tendencias que van a triunfar entre los adolescentes tienes que estar muy atento. Por ejemplo, a lo que triunfa en comunidades autónomas. Andalucía manda mucho. Si algo empezaba a triunfar allí, sabíamos que había que estar atento. O Cataluña, donde adelantaron el éxito de Pulseras Rojas.

Una fuente de inspiración también eran las revistas estadounidenses (suelen tener fenómenos que nos llegan a España meses después) y en los últimos tiempos, las propias redes sociales de los artistas. De hecho, ese fue un poco el problema de los últimos años, las niñas ya no quieren comprar revistas. ¿Para qué? Entran en el Twitter o Instagram de su artista favorito y se enteran de todo. Lo mismo con los youtubers, ¿qué puedo ofrecer yo de alguien que lo cuenta todo en su canal?

Una de nuestras armas contra internet eran los posters. Nos ayudaban mucho en las ventas: era casi lo único que podíamos ofrecerles que no tuvieran gratis en web, un poster a tamaño real de sus ídolos.

Los regalos que dábamos con cada revista (una pulsera, un collar, un amuleto…) determinaban muchísimo el éxito de una tirada. A veces hasta el 70% de las ventas venían de que el regalo gustase. A veces eran acciones de marketing, como cuando conseguías que te cediesen pintauñas para regalar con una revista. Otras veces los comprábamos nosotros, y yo misma era la encargada de elegirlos. Era la parte más aburrida del trabajo, porque había que encargar los regalos con casi seis meses de antelación y por eso siempre había mucha paranoia por si la competencia se enteraba de qué íbamos a regalar. No era un tema banal: si tú dabas algo que la Super Pop había dado la semana anterior… estabas perdido.