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¿Qué diferencia hay entre un frigorífico y una nevera?

La respuesta te dejará bastante frío

La mayoría de españoles utilizamos de manera intercambiable las palabras frigorífico y nevera para designar a ese armario mágico de la cocina que conserva nuestra comida fresquita. Pero ¿por qué hay dos palabras para lo mismo?

Siempre ha existido la necesidad de conservar los alimentos perecederos en frío, y por supuesto, también antes de que la electricidad llegase a nuestras casas. Antiguamente se almacenaban en estancias de la casa diseñadas para estar a menor temperatura llamadas fresqueras.

A principios del siglo XX, con el desarrollo del transporte y la fabricación industrial de hielo, se crean las neveras (cold closet o icebox en inglés), es decir, armarios en los que se introduce una barra de hielo que enfría el ambiente para mantener la comida fresca. Según el Diccionario de la RAE, la palabra nevera proviene del latín nivarius, es decir, “lleno de nieve”. Nevero o nevera era también como se llamaba a quienes vendían el hielo necesario que había que ir introduciendo para mantenerla fría.

Con la expansión de la electricidad y el desarrollo de los electrodomésticos, llegan las neveras eléctricas, que ya no necesitaban hielo para funcionar sino que con la energía expulsaban el calor del interior. Y para distinguirlas de las anteriores, y como el hielo (o nieve) ya no eran necesarios, se inventó un nuevo nombre: refrigerador o frigorífico (del latín frigorifĭcus, “que enfría”).

En este anuncio de 1962 podemos ver cómo se hace perfectamente esta distinción entre la nevera y el frigorífico:

Sin embargo, con el paso del tiempo la palabra nevera haría su retorno triunfal para, junto a frigorífico, representar un único concepto: el electrodoméstico donde guardamos los yogures.

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