Los nombres de los productos de Ikea han sido una fuente (casi) inagotable de chistes desde la llegada a España de esta empresa. Sin embargo, pocas veces nos hemos parado a pensar qué significan, embelesados por su sonido nórdico.

En un artículo, Quartz explica el origen de los nombres de las diferentes categorías. Al parecer, el fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, era disléxico y tenía problemas para recordar los nombres y la clasificación de los productos. Por eso, desarrolló un sistema de naming por categorías bastante original.

En La cabeza llena hemos querido jugar un poco con sus reglas y nos hemos planteado cómo serían estos nombres si Ikea tuviese origen español. Aquí va:

Las alfombras tienen nombre de sitios daneses. Aquí hemos elegido un nombre del norte: Bilbao.

Las cajas, láminas, marcos y relojes son expresiones de argot (slang), o topónimos suecos. Para la versión española nos hemos quedado con una expresión un poco viejuna pero divertida: dabuten.

Las camas, armarios y muebles de dormitorio tienen nombres de lugares noruegos. Aquí nos hemos quedado con un nombre manchego: Ciudad Real.

Los accesorios de cocina tienen nombre de pescados, setas y adjetivos. Aquí hemos optado por el salado bacalao.

Las telas y cortinas son nombres de mujer (ejem).

La ropa de cama son nombres de flores y plantas.

Los productos infantiles son nombres de mamíferos, pájaros o adjetivos.

Las lámparas y sistemas de iluminación son unidades de medida, meses, estaciones del año, términos náuticos o lugares suecos.

Las librerías son profesiones o nombres de caballero.

El mobiliario de jardín son nombres de islas escandinavas.

Los sofás, sillones, sillas y mesas de comedor son nombres de lugares suecos.

Los productos de baño son nombres de lagos suecos o relacionados con el agua.

Sin embargo, siempre hay excepciones. Algunos nombres abarcan más de un tipo de producto ya que pertenecen a una serie, o hacen referencia a su utilidad con verbos o sonidos similares. Y aunque Ikea trata de mantener los mismos nombres en todo el mundo para simplificar procesos, en algunos países se ven obligados a cambiarlos si resultan parecidos a palabras malsonantes, como sucedió con el banco infantil Fartfull o la lámpara Fartyg en países angloparlantes: sonaban demasiado parecido a fart (pedo).