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Los personajes de tebeo que eliminó la censura

En los primeros años de la dictadura franquista las autoridades no le prestaban mucha atención a los tebeos. Eran tiempos difíciles y se entendía que se trataba solo de entretenimientos infantiles. Lo máximo era dar permisos de publicación regular, por eso durante mucho tiempo, las revistas que no los tenían aparecían “de cuando en cuando”.

Sin embargo, en los años 50 la censura, que ya actuaba en prensa y otros medios, comienza a interesarse por los tebeos, y sobre todo por los más famosos, los de Bruguera. La protección de las buenas costumbres, la autoridad, la sagrada figura de la familia y los mensajes oficiales del franquismo tenían que llegar a las páginas infantiles. Y eso, por supuesto, afectó a los personajes.

Zipi y Zape: que sean menos gamberros

Los traviesos gemelos Zipi y Zape eran unos auténticos demonios, capaces de auténticas gamberradas como destrozar muebles o pegar fuego a la casa. Y estas acciones eran castigadas por su padre con castigos muy locos: atarles a la vía del tren, perseguirles con una apisonadora o atarlos a una cuerda en el fondo del mar.

Tras el toque de la censura, Zipi y Zape tenían que ser un buen ejemplo y respetar a sus padres. De este modo los endemoniados gemelos pasaron a ser simplemente chavales con buena intención pero mala suerte, que a veces hacían alguna travesura. Por su parte, los castigos paternos pasaron a consistir básicamente en pasar una tarde en el cuarto de los ratones.

13 Rúe del Percebe: solo Dios crea vida

En 13 Rúe del Percebe, la censura ordenó que desapareciera el científico que creaba monstruos, ya que “solo Dios puede crear vida”. Su piso se quedó vacío (el científico se fue con la excusa de que estaba creando un monstruo tan grande que no le cabía en el piso) y durante algunas semanas la portera intentaba alquilarlo, hasta que finalmente un sastre se quedó con el apartamento.

Carpanta: en España no se pasa hambre

Carpanta, el personaje de Escobar que pasaba hambre también rebajó su tono. El discurso oficial de la dictadura era que en España no se pasaba hambre, así que Carpanta pasó a ser una especie de “hambriento profesional”, que no sufría demasiado por no comer y que en realidad tenía más bien mala suerte cuando se trataba de tener la oportunidad.

Rompetechos: solo bromas inocentes

En las aventuras de Rompetechos de los últimos años, ya se mete en líos políticos

Rompetechos, el personaje cegato de Ibáñez, también se vio sometido a la censura desde sus primeras historietas. El propio autor ha reconocido que le habría gustado que fuese más gamberro, pero en los años 60 no podía aspirar a más. Eso sí, se ha desquitado en la actualidad, con nuevas entregas de Rompetechos en las que el personaje se mete en líos con políticos, autoridades y miembros de la Iglesia.

Otros casos

Otras series también rebajaron su tono, como las Hermanas Gilda (su autor Vázquez, bromeaba con que las enviaba a pasear al campo en cada historieta para evitar cualquier tema polémico), mientras que otras se dejaron de publicar como Doña Tula, Suegra, una ácida crítica a la figura de las suegras.

 

Paralelamente, a lo largo de los años 60, los dibujantes fueron tomando precauciones para no toparse con la censura. Aunque por el dibujo y los temas que trataban cualquiera podía intuir que las aventuras se desarrollaban en España (y casi más concretamente, en Barcelona), los personajes nunca decían en qué país o ciudad vivían, o en todo caso, se usaban nombres inventados. Tampoco se hablaba de pesetas, sino de “leandras”, “dólares” o “rupias”, y los policías eran “gendarmes”. Todo para evitar que se viera una ridiculización de lo español y que el censor no perdiera la cabeza.

La revista que quería que dijésemos «copetín» en vez de cóctel y «tortilla doblada» en vez de francesa

Estos eran los 20 canales con los que nació la TDT en 2005