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14 curiosidades sobre el teletexto

El teletexto es considerado como “el internet de los 90”. Y es que este sistema de información gratuito unido a la señal de TV fue para muchos la primera experiencia para consultar noticias, la clasificación de su equipo, la programación de televisión…

Desde su nacimiento en España en mayo de 1988, el teletexto ha ido acumulando muchas curiosidades. Hoy te presentamos unas cuantas.

Nació en Reino Unido

Desde los años 60, el General Post Office (después, parte de la operadora BT) estuvo desarrollando sistemas para transmitir datos junto con la señal de TV. A principios de los 70, técnicos de la BBC pusieron en marcha el primer teletexto, que llamaron Ceefax. Su primera emisión fue el 23 de septiembre de 1974, con 30 páginas de información.

Aprovecha los huecos de la señal televisiva

La información del teletexto se transmite mezclada con la señal televisiva, e incluso se puede almacenar en grabaciones (si tienes un VHS antiguo y cintas grabadas de la tele, puede que te deje consultar el teletexto de ese día). No se trata, por lo tanto, de un sistema interactivo, ya que no hay ningún tipo de retorno, simplemente podemos elegir qué información ver.

Un espacio para el arte

A pesar de tener colores, tipografías y espacio muy limitado (o precisamente por eso), el Teletexto siempre ha tratado de exprimir las posibilidades gráficas del sistema, con portadas creativas para los principales hitos.

Su primer nombre en España fue ‘Telecinco’

TVE fue la primera emisora de televisión en contar con Teletexto, desde mayo de 1988, y le pusieron el nombre de Telecinco (quizás, queriendo mostrarlo como un canal más y teniendo en cuenta que en algunas autonomías ya había dos canales además de TVE-1 y TVE-2).

Sin embargo, este nombre no duraría demasiado y pronto cambió al actual: un sencillo Teletexto TVE.

En los 80 no emitía todo el día

Estamos acostumbrados a que la tele y el propio teletexto estén disponibles las 24 horas del día. Sin embargo, en sus inicios, el teletexto solo emitía por las tardes: de 17 a 22 horas, con noticias (unos 100 teletipos cada día), información de loterías, pasatiempos, reseñas de libros, top de ventas de discos…

Al principio, los redactores de teletexto escribían sus textos a máquina, los operadores las maquetaban en teletexto con un programa especial y se grababan en un disquete que se entregaba al realizador para que se emitiesen.

Al principio necesitabas un decodificador especial

Al igual que sucedió con la TDT, quienes querían poder consultar el teletexto en los 80 debían adaptar su viejo televisor con un sintonizador especial. Otra opción era comprarse un vídeo que lo aportase, aunque poco a poco comenzaron a venderse las primeras televisiones con teletexto incorporado (de las marcas Sony e ITT) por entre 120.000 y 180.000 pesetas (entre 720 y 1000 euros).

Un gran amigo para los sordos

La llegada del teletexto fue considerada por muchos como el inicio de la “televisión para sordos”. Y es que desde el principio este sistema tuvo a la comunidad de gente con problemas de audición como un gran aliado. El teletexto permite subtitular programas y series, y en 1998 se dio un paso más con el subtitulado de un programa en directo: el Debate sobre el Estado de la Nación.

Además, el teletexto de TVE tiene una sección especialmente dedicada a este colectivo: la Gaceta para Personas Sordas, con noticias, ofertas de empleo, formación…

Muchas TV ya no lo emiten

La BBC, donde nació el teletexto, dejó de emitirlo en 2012. Otras cadenas en Europa han seguido la misma tendencia, sustituyéndolo por servicios interactivos o en web, con muchas más posibilidades interactivas. En España, algunas cadenas como Telemadrid cerraron el servicio como método de ahorro de costes, y la mayoría de los nuevos canales han nacido sin él.

El de TVE perdió las efemérides por jubilación

La sección de efemérides del teletexto de TVE dejó de publicarse al final de 2016 cuando Joaquín Valverde, periodista de 85 años, decidió jubilarse tras más de 20 años escribiéndola.

Se podían descargar programas

La BBC llegó a utilizar el teletexto para ofrecer la descarga de programas de software sencillos, que se podían obtener conectando un terminal especial vía teletexto. Este sistema se denominaba Telesoftware, y aunque no llegó a ser muy popular, sentó las bases de futuros sistemas interactivos.

Había páginas secretas

El teletexto tenía algunas páginas destinadas a uso interno o a pruebas, como un repertorio de caracteres y colores. Pero había más: Antonio Rodríguez, que trabajaba en continuidad en un centro territorial de TVE, nos cuenta: «La página 417 era crucial para nosotros. Parecía una página vacía, pero pulsando el botón ? del mando aparecían las horas exactas (hora, minuto y segundo) de inicios y finales de todas las desconexiones territoriales, y aclaraciones como “segundo intermedio de El precio justo” que nosotros usábamos para cuadrar las pausas de publicidad regional y que el espectador no notase nada».

Todo era una metáfora de un periódico

Cada pantalla del teletexto era llamada página. Y como si de un periódico se tratase, el teletexto llegó a tener una sección de cartas al director donde los espectadores podían escribir para opinar sobre cuestiones de actualidad.

Los teletextos más avanzados parecen webs

El teletexto tenía diferentes “versiones”, llamadas niveles, en las que se iba mejorando la tecnología. En España se extendió el nivel 1.5, con 129 caracteres, que permite utilizar símbolos propios de nuestros idiomas cooficiales (acentos, cedilla, eñe…).

Sin embargo, el teletexto siguió avanzando, y las versiones más avanzadas permitían transmitir más rango de colores, tipografías e incluso imágenes. Así es un teletexto de nivel 5:

No es posible medir la audiencia

Los audímetros no son capaces de medir cuánta gente accede al teletexto, por lo que la única manera de estimar su número de usuarios es mediante encuestas. La última se hizo en 2010 y decía que había 7 millones de consultas cada día: 53,8% para TVE,  12,6% para Telecinco y un 11,5% para Antena 3.

Artículo realizado con la colaboración de J. Manuel Silvestre y Antonio Rodríguez.